Armas en Danza de Tinieblas

Después de que algunos amigos expertos en estas cosas de las armas me hayan aconsejado, he afinado mis ideas sobre como serían los revólveres Villegas que aparecen en la novela. En una ucronía con un nivel de desarrollo tecnológico como el que aparece en Danza de Tinieblas, las armas habrían evolucionado hasta alcanzar un nivel parecido al de finales del XIX, principios del XX. En esa época ya había armas muy sofisticadas, alejadas de las enormes y poco precisas pistolas de chispa y mecha. Como no haya nada más divertido ni más últil para estas cosas que investigar en la historia real, yo tenía en mente un arma real que parecía hecha a la medida de las necesidades de un cuerpo policial o militar como los Conjurados. Ese arma es el Colt 45 Peacemaker, que por cuestiones estéticas, e incluso prácticas, imagino pavonado en negro, sin brillos delatores.

Es un arma grande, de calibre 45 (11,53 mm), que mediante 2.6 gramos de pólvora negra (de ahí la humareda que se producía en cualquier tiroteo) lanzaba una bala de 25 g a 300 m/s, cosa que puede hacer mucha pupa y garantiza un alcance efectivo decente.

Como no podía ser de otro modo, el Villegas que lleva el cabo Salamanca no es igual que el arma que se ve en la foto. El original peacemaker es un revólver single action, que quiere decir que necesitas montar el martillo para poder disparar. El Villegas es double action, como otros revólveres más modernos, lo que significa que no necesitas amartillar antes de disparar, sino que el propio gatillo al ser presionado monta el martillo.

El mundo de las armas de fuego, como el de toda tecnología, es sorprendente. Hay un buen número de revólveres históricos que no tienen los seis tiros famosos de los peacemaker. Los hay con menos y con hasta diez, doce y más disparos; con un cañón o con varios, hasta hay cosas raras como sistemas con varios tambores. Los Villegas son más modestos, son un poco más aparatosos que los peacemaker para dar cabida al mecanismo de double action y a un tiro más que convierten el arma en un revólver de siete tiros. El sistema de carga es el mismo de los peacemaker, bala a bala con expulsión manual mendiante un empujador integrado en el cañón (es ese cilindro que se ve en la foto solidario al cañón).

Estoy intentando realizar unos diseños del Villegas reflejando todo esto que digo y añadiendo algun toque estético tal como un difusor al estilo de este monstruo 

En Memoria de Tinieblas, la segunda parte de la ucronía, los tiempos han evolucionado y los Conjurados ya no usan los revólveres Villegas, sino pistolas automáticas Ortmaexea de menor calibre (9 mm), pero más manejables y precisas.

Los tiempos modernos siempre son mucho más prácticos.

De finales y principios

Si el principio de una novela siempre se modifica una vez que está acabada —cosa comprensible dado que cuando se escribe aún se está buscando el ritmo, la sonoridad el tono e incluso los personajes y el argumento.— Lo más sorprendente es que con los finales también me sucede. Mientras que el inicio debe ser una herramienta casi publicitaria, el final debería ser un colofón, algo que debe dejar un buen gusto en la boca, casi como el famoso sabor retronasal ese de los buenos vinos que yo,  ignorante en esas lides, no consigo apreciar. Un final cerrado es satisfactorio casi siempre; un final abierto a veces es más satisfactorio y otras menos, pero siempre es mucho más arriesgado; un no final en tensión, es garantía de buen recibimiento de la segunda parte, siempre que haya gustado la primera claro. Al final no sabe uno a qué carta quedarse.

Todo esto viene a cuento del final de Memoria de Tinieblas,  en el que estoy enfrascado ahora mismo que termino su tercera, y espero que definitiva, revisión. Explicar mucho es malo, explicar poco quizá también; cerrarlo todo es satisfactorio pero deja poco a la imaginación del lector; no cerrar nada lo contrario. Al final quizá esa una de esas habilidades que se resisten a la reducción a pasos lógicos y concretos de las cuales está el oficio de escribir lleno. Supongo que para cuando lleve escritas dos docenas de novelas ya me salga bien, o eso espero.

Dieselpunk

-—Motores diesel, desafio a la autoridad y juventud gamberra, ¿eso es el dieselpunk?
-—Sí, algo así. Se trata de crear un mundo diferente al actual suponiendo que haya habido un cambio radical en nuestro pasado, un suceso histórico e incluso un avance científico tal como un motor movido por diesel. Luego hay que contar una historia en ese mundo, algo que lo trascienda de algún modo.
-—Lo de punk lo veo, pero ¿Qué es el diesel?
—-Ah, eso es lo mejor. Es un líquido que se obtiene del refino del petróleo. Se puede usar en un motor de combustión interna.
—-Como propuesta estética lo veo bien, pero ¿qué incómodo, no?
—-Y peligroso. Es un líquido muy inflamable, el manejo puede ser problemático. Imagínate un choque de vehículos, sería un desastre.
-—Desde luego. Veo bien esos ejercicios intelectuales, pero como el carbón no hay nada. Anda echa un poco más que llegamos tarde a la tertulia.
—-Cuidado, vas demasiado rápido. Las calderas fresnadilla son muy sensibles a las grietas por calentamiento desigual, se rajan de arriba a abajo. He visto muchas así en el taller.
—-Bueno, tu serás ingeniero pero yo llevo toda la vida con los chasis Gomeznarro de caldera abierta y jamás me ha pasado algo así.
—-Has tenido suerte.
Los dos amigos se aplicaron a echar carbón de modo controlado en el horno situado en la panza del vehículo. Un cuarto de hora después, cuando estuvieron contentos con la presión del vapor, se encaramaron en la alta estructura y aceleraron hasta incorporarse en el humeante flujo del tráfico. A esa hora de la tarde, las calles de Madrid estaban saturadas de modernos vehículos movidos por la energía del vapor, capaces de transportar con seguridad a sus ocupantes a asombrosas velocidades de más de treinta km/h.

Habemus título


Se va decantando el título final de la novela que supone la segunda incursión en forma de novela en el universo de Negras Águilas, la ucronía desarrollada en varios cuentos y en la novela Danza de Tinieblas. Después de darle algunas vueltas, creo que el título encontrado «Memoria de Tinieblas» termina por cuadrar de varios modos. Por un lado constituye una forma de encontrar una referencia común con la novela anterior, de la que es una segunda parte de continuidad laxa (Lo único que comparten ambas novelas es el marco ucrónico). Por otra parte la aparición de la palabra «Memoria» es importante porqué precisamente parte del desarrollo de la novela tiene que ver con la memoria humana, el recuerdo de uno mismo, sus circunstancias y vivencias. Por tanto el título, que no suena mal en sí mismo, permite alcanzar varios objetivos a la vez.
Creo que es el título correcto también por una sensación curiosa, la de que no puede tener otro. Es evidente que puede haber títulos mejores (¿alguna sugerencia?), y que si llego a encontrar otro me parecerá lo mismo, pero es una agradable sensación saber que puedes nombrar a tu obra de un modo conciso, un meme al que referirse. Debe ser cierto aquello que dicen de que un buen título es fundamental para el éxito de un libro.

Terminada


Acabo de terminar el primer borrador de la segunda parte de Danza de Tinieblas: 130.000 palabras, unas cuatrocientas páginas ¡Uf!

Pero no todo el trabajo está hecho, ni mucho menos. Hagamos una lista de lo que queda:

1-Revisar el borrador

2-Reescribir lo que sea necesario y corregir el resto

3-Corrección de estilo (Pobre Nati)

4-Segundo borrador. Presentar a los primeros lectores

5-Recoger comentarios, madurar y revisar de nuevo

6-Tercer y definitivo borrador

7-Buscar editor (esta es la parte más dificil, me temo)

Simultáneo a todo esto, habrá que ir pensando en un título.

Bueno, no todo el curro se ha terminado, pero sí un 80%, creo yo. La cosa no está mal. Ahora a descansar unos días, a inicar otro proyecto que tengo en cartera, y después a retomar el tema y seguir el listado.

Y luego dicen que escribir es fácil 🙂