Indignaos

Acampada Sol
No lo esperaban, aprovechémoslo.

Hola, me llamo Eduardo, soy Ingeniero Técnico Aeronáutico, funcionario y, a ratos, escritor. Tengo una hipoteca, una pareja maravillosa, y más frentes abiertos de los que soy capaz de manejar. Vivo en España, en  un mundo dónde la lucha de clases ya terminó. Por si no lo sabían, los modestos, los pobres, los que, como yo, estamos lejos de los resortes del poder, somos los perdedores. Perdimos la batalla por el control de los recursos de nuestro país, los que eran herencia de todos; perdimos la batalla de la dignidad laboral, otra herencia ganada con mucha sangre y mucho sufrimiento; perdimos la batalla por la ética y la responsabilidad, defectos de carácter con los que nuestros padres nos educaron sin saber que nos hacían esclavos de los irresponsables, de los que no tienen ni principios ni escrúpulos. Y sin embargo, derrotados,  nos negamos a incorporarnos a las filas de esos que se dicen neoliberales, partidarios a muerte de unos mercados crueles, ineficaces y destructivos, defensores de un regresión a la edad de piedra pasando por todos los estados políticos intermedios: del estado social a la dictadura del capitalismo, al neofeudalismo global, luego a un erial y después, si queda alguien para entonces, nos convertiremos en bandas de cazadores recolectores rapiñando las migajas que queden tras la orgía de disolución a la que estamos siendo abocados.

Indignación es lo único que nos queda. No sabemos si es posible desmontar la sólida estructura de privilegios que nos aísla del poder real y maneja los recursos hasta tal punto de hacernos pagar una crisis de la que no somos culpables, que impide la innonvación, la creatividad, tan necesaria en este país atrasado, que favorece los oligopolios y frena las iniciativas de futuro por no molestar a los que detentan el poder real, esos que no salen en la papeleta de voto pero que, al fin, toman las decisiones aquí, en europa y en el mundo.

Solo nos queda indignación y resistencia, que sepan que podrán dominarnos pero no engañarnos, ya no, no por más tiempo. Que nuestra indignación alimente el deseo de ver la realidad tal y como es, en su auténtica crudeza desnuda, lejos de las versiones oficiales que los medios de comunicación vocean de continuo.

Sabed que tenemos pocas armas pero somos muchos. Seamos inteligentes, seamos solidarios, fuera vendas, que los tuertos enseñen a ver a los ciegos y que tiemblen  los que  siempre han visto muy bien como beneficiarse del esfuerzo y el trabajo de los demás.

El tiempo de la indignación ha llegado. En otros mayos de nuestra historia, la indignación derivó en ira destructiva, que esta vez construya futuro.

Presentación de “Tras el Velo”

El Sábado presentamos María Martín, Santi Eximeno, Fernando Cámara y yo mismo, la antología de relatos “Tras el velo“. María hizo una magnifica introducción, tras la cuál hablamos sobre el terror moderno y antiguo,  sobre lo que nos asusta e incomoda. Estuvimos, público y autores, de acuerdo en que  la propuesta de la antología -un cuento moderno, un cuento clásico emparejado- es un punto de partida perfecto para percibir la evolución del género.

María también nos presentó la muy joven editorial. Quizá por esa juventud Torre de Marfil nace con la vista puesta en el futuro. Cada libro se edita en dos formatos, papel (hoja de árbol muerto) y electrónico. Me parece la apuesta más inteligente que se puede hacer hoy en día.

Después, los que pudimos fuimos a comer todos juntos. Estupenda comida y estupenda conversación.

Vamos, un día perfecto, que incluyo magdalenas literarias a cargo de María. Incluso colaboró el tiempo que nos regaló con una lenta y terrorífica lluvia en “media res”.

Cabecera

Como podréis ver arriba, el blog tiene una nueva cabecera. Luis Miguez, estupendo dibujante e ilustrador, me ha regalado con un poco de su mucho arte. Y tan bonita ha quedado la ilustración que no me va a quedar más remedio que adecentar esto, pasar el plumero y escribir de vez en cuando para mantener el espacio habitado.

No es la primera vez que Luis me asombra dibujando las imágenes que yo solo había visto en mi imaginación. Su dibujo del cabo Salamanca es hermoso y veraz. Ahora, gracias a su amabilidad, preside el blog una visión del Madrid imaginado del que se alimenta la ucronía de Danza de Tinieblas. La noche, de la que sobresalen grandes edificios herrerianos tocados por luces anticolisión, sirve como vehículo para la bruma amarilla de la luz de gas, mientras un vehículo aéreo, sin duda un volatero de primera generación, atraca con cuidado en su amarre cercado por tejados de pizarra, barandas y pináculos de hierro.

¿Qué sucede? ¿Por qué atraca por la noche el volatero cuando es una operación prohibida por las más elementales normas de seguridad?

Quizá sea materia para un pequeño relato.

Continuará…

De nuevo corrigiendo

Corrigiendo una novela que voy a terminar por odiar. La historia comenzó siendo un guión de cine. Continuó su vida como novela. En ese formato ha muerto y resucitado al menos tres veces. En una de esas apariciones quedó finalista del concurso más limpio de todos cuantos he conocido. Tanto es así que no abrieron las plicas ni para avisar a los finalistas, así que me enteré tarde, cuando ya estaba entregado. Lo conté en su momento aquí.
Sigo empeñado en mejorarla. A veces pienso que hubiera sido mejor guardarla en el cajón y olvidarla, pero siempre que considero esa posibilidad, recuerdo las partes que más me gustan de la novela y me autoconvenzo de que merece una oportunidad más.
Mi intención es encontrar un editor al que pueda gustarle y que al fin salga publicada. Si no lo consigo, lo mismo me lío la manta a la cabeza y  la autoedito en formato electrónico, aunque solo sea por no sufrir de nuevo la necesidad de volver a retocarla.
Del argumento poco puedo decir sin desvelar demasiado. Solo que la trama es de novela negra al que le he sumado un componente de Fantasía Científica, Prospectiva o Ciencia Ficción, como queráis llamarlo. Lo que creo mejor: una vuelta de tuerca al mito del vampiro, cosa difícil a estas alturas. Lo que más me gusta: la protagonista, la inspectora Alia Arredo. Después de tanto tiempo juntos, una buena amiga.

Comienza 2011

Comienza 2011, y como siempre en el inicio del año, vienen las consideraciones sobre el año pasado y las previsiones y planes para el que viene. En el 2010 han sido muchos los cambios: de lugar de trabajo, de casa. El 2010 fue el año de la publicación (y escritura) de “La última noche de Hipatia” y de la corrección final de “Memoria de Tinieblas”, la segunda parte de Danza de Tinieblas, aún sin publicar, hecho del que hablaré en otra entrada. Después de lo bien que me lo pasé con la publicación de Hipatia, la presentación, la Semana Negra, los comentarios de los lectores, y del stress que supuso el cambio de lugar de trabajo en Julio, una circunstancia que llevaba tiempo deseando y que por fin se produjo, terminó el año con el gran acontecimiento de la mudanza en Noviembre. No sé a ustedes, pero a mi salir de mi cueva y me tenga que adaptar a otra me supone un periodo de desconcierto. En cierta forma envidio a aquellos que nacen y mueren en el mismo lugar. Por otro lado, los cambios también añaden vitalidad, frescura, necesidad de renovarse. La consecuencia práctica: después de acarrear pesadísimas cajas de libros, he decidido optar por el paso lo más radical posible a los libros electrónicos. Si me espera una mudanza en el futuro, espero hacerla con una bolsa llena de discos duros.

Las consecuencias inmediatas de todos estos cambios son difíciles de prever, pero fáciles de desear, por que al fin y al cabo eso es lo que te mueve a los cambios, las esperanzas de algo mejor, o diferente, o mejor y diferente, y lo que añade vitalidad es que nada es nunca igual a lo imaginado y hay que ejercitar los músculos de la adaptabilidad para sobrevivir. De momento el nuevo lugar de trabajo es más exigente pero también más interesante, mucho más divertido, lo que le viene al pelo a mi carácter, capaz de aburrirse con rapidez de casi todo. El cambio de casa nos ha regalado más espacio para movernos (los que me conocen saben que por cuestiones físicas NECESITO espacio) . Hemos perdido una de las mejores vistas de Madrid desde la terraza del antiguo piso. No se puede tener todo.

Si paso de valorar el plano personal y amplio el foco, casi que me arrepiento enseguida. No hay muchas esperanzas de que el 2011 sea mejor que  el 2010 y sí alguna previsión de que sea peor. La lucha de clases que decía Marx ha terminado con la victoria de los más ricos. Las guerras civiles son siempre las más sangrientas así que no esperéis compasión, tan solo una dura postguerra.

Y volviendo a los eventos que puedo controlar, voy a intentar que el 2011 sea el año en que escriba otra novela para el cajón o para publicar ya veremos, y también el año en que este blog no languidezca cubierto de escarcha cibernética, olvidado hasta por su creador.

Gracias por su atención y buena suerte en el 2011, todos la vamos a necesitar.

Semana Negra 2010

Mañana salimos para la Semana Negra de Gijón 2010, fresquito, comida norteña, libros y buena compañía. No se puede pedir más.

¿Por qué escribir?

El viernes pasado me invitaron a dar un par de charlas en un instituto para celebrar el día del libro. Me di cuenta de algunas cosas interesantes ese día. En primer lugar que no soy un gran orador, quizá por falta de práctica, quizá por falta de dotes para ello. Con un público entregado puedo desenvolverme más o menos bien. Otra cosa es ya enfrentarse con un público adolescente, el cuál necesita de ser capturado desde el principio, extraído del prejuicio y embaucado con habilidad. Aprendí que, en casos así, no hay que tener misericordia: una conferencia es como una guerra y en el arsenal de todo orador debe figurar un buen uso del humor, que es el arma definitiva para acercarse sin despertar aburrimiento ni respeto exagerado. De todo se aprende y quizá, si hay una próxima ocasión, puedo aspirar a hacerlo mejor.

Como no tenía indicación al respecto, elegí hablar del libro desde el punto de vista de alguien que hace libros, que los disfruta pero que también los crea. Ese tema encontró algunas ramificaciones curiosas. En primer lugar apareció el tan famoso ¿Por qué se escribe? la respuesta que se me ocurrió es “y a quién le importa”. Descubrí que me da igual saber el motivo por el que escribo. No sé si es un deseo de trascender, si me gusta que me quieran, si adoro haber escrito o disfruto del acto de escribir. Bueno, miento, eso sí me pasa, cuando consigo llegar al estado superior de consciencia de una escritura fluida, sí lo disfruto. En esos momentos escribir es como una droga, un subidón, momentos maravillosos que coinciden con los tópicos al uso. Todo se va al garete si se consideran los efectos secundarios, las resacas de correcciones interminables que también forman parte de la creación literaria, que, según muchos, son la creación literaria.

La segunda cosa que descubrí es que, haciendo cuentas, escribir una novela lleva mucho tiempo, tanto que si lo cuentas te espantas.Si lo pienso fríamente, si me pagaran por ello, no lo haría, luego algo debo sacar en claro.

Vamos que no hay una cuenta en positivo que pueda justificar la escritura, porque por el dinero no es, se lo aseguro. Entonces… ¿qué se saca en claro?

Pues, curiosamente, después de darle un par de vueltas, creo que el motivo principal de la fascinación por la creación literaria, por encima del hecho de que, a ratos, es un trabajo fascinante, escribir es un gran desafio. Es como un ochomil que hay que superar, un reto personal, un reto fuera de toda lógica pero reto al fin. El objetivo es acabar, que lo escrito esté bien, que se publique, que se sepa que esa montaña de papel y letras la has coronado tú. ¿Vanidad? sí, un poco, pero también espíritu de superación. Es como si echaras carreras contigo mismo, y esperases vencerte.

Ganar es aprender, mejorar, hacerlo mejor, disminuir la brecha entre lo imaginado y lo reflejado en la mente del lector. Todo esto está muy cercano a otros retos intelectuales, tales como el arte en todas sus manifestaciones y la ciencia. Desafíos autoimpuestos o externos, complejos, difíciles, mucho más difíciles que las habituales absurdeces cotidianas, de eso se trata, de hacerlo porque esa novela inexistente está ahí, a punto de ser terminada, corregida, masacrada, reescrita, vuelta a corregir y, quizá, publicada.

De finales y principios

Si el principio de una novela siempre se modifica una vez que está acabada —cosa comprensible dado que cuando se escribe aún se está buscando el ritmo, la sonoridad el tono e incluso los personajes y el argumento.— Lo más sorprendente es que con los finales también me sucede. Mientras que el inicio debe ser una herramienta casi publicitaria, el final debería ser un colofón, algo que debe dejar un buen gusto en la boca, casi como el famoso sabor retronasal ese de los buenos vinos que yo,  ignorante en esas lides, no consigo apreciar. Un final cerrado es satisfactorio casi siempre; un final abierto a veces es más satisfactorio y otras menos, pero siempre es mucho más arriesgado; un no final en tensión, es garantía de buen recibimiento de la segunda parte, siempre que haya gustado la primera claro. Al final no sabe uno a qué carta quedarse.

Todo esto viene a cuento del final de Memoria de Tinieblas,  en el que estoy enfrascado ahora mismo que termino su tercera, y espero que definitiva, revisión. Explicar mucho es malo, explicar poco quizá también; cerrarlo todo es satisfactorio pero deja poco a la imaginación del lector; no cerrar nada lo contrario. Al final quizá esa una de esas habilidades que se resisten a la reducción a pasos lógicos y concretos de las cuales está el oficio de escribir lleno. Supongo que para cuando lleve escritas dos docenas de novelas ya me salga bien, o eso espero.

Perdón

Llevo una eternidad sin publicar una entrada, lo cierto es que no tengo perdón del monstruo de espaguetis voladores. Voy a intentar redimirme publicando algo cada semana. A ver si lo logro.