Presentación La última noche de Hipatia

El día 1 de Octubre, a las 19:30, se presentará en Estudio en Escarlata, la librería especializada en literatura de género sita en GUZMÁN EL BUENO, 46 (Esq. Fdez. de los Ríos) en Madrid, mi novela La última noche de Hipatia. La presentación quedará a cargo de mi buen amigo Alfredo Lara, que amablemente ha aceptado dicha tarea.

Y sí, a diferencia de las ruedas de prensa de los políticos, habrá posibilidad de preguntar todo aquello que queráis preguntar, ponerlo en evidencia, sacarle los colores o desvelar. Después, a todo aquel que haya aguantado incólumne, se verá recompensado con las dos ces, canapes y cava.

Pues eso, que todo aquel que quiera y pueda venir, será bienvenido.

La última noche de Hipatia

Portada

Por fin el proyecto culmina: el día 15 sale a la venta La última noche de Hipatia una novela que tiene como protagonista a la filósofa asesinada por una turba de cristianos en los tumultuosos tiempos en que la Iglesia pasaba de ser una secta judaica, más o menos popular, a la institución que regía imperios, nombraba emperadores y reglaba la vida de pobres y ricos.
Sí, es el mismo personaje que el de la película de Alejandro Amenábar Ágora, aunque dudo que sea la misma historia. En la novela se mezclan muchas cosas: la Alejandría del siglo IV, el fin de una era y el comienzo de otra, un personaje fascinante, un conflicto con tantas ramificaciones que llegan incluso a la actualidad —entre el estado laico y el estado teocrático—, y una aventura de viajes en el tiempo.
Si me permiten una opinión, creo que la novela podría haber estado centrada en la política, en la religión, en la historia, en la arquitectura o el arte, la ciencia, la astronomía, la filosofía, las matemáticas. De todo eso hay, pero sería más exacto definirla como la historia de un amor destinado a la tragedia, amor último, desesperado, intenso y sin futuro pero al mismo tiempo inmortal.

Espero que la lean y la disfruten.

La última noche de Hipatia, Editorial Alamut

Habemus título


Se va decantando el título final de la novela que supone la segunda incursión en forma de novela en el universo de Negras Águilas, la ucronía desarrollada en varios cuentos y en la novela Danza de Tinieblas. Después de darle algunas vueltas, creo que el título encontrado «Memoria de Tinieblas» termina por cuadrar de varios modos. Por un lado constituye una forma de encontrar una referencia común con la novela anterior, de la que es una segunda parte de continuidad laxa (Lo único que comparten ambas novelas es el marco ucrónico). Por otra parte la aparición de la palabra «Memoria» es importante porqué precisamente parte del desarrollo de la novela tiene que ver con la memoria humana, el recuerdo de uno mismo, sus circunstancias y vivencias. Por tanto el título, que no suena mal en sí mismo, permite alcanzar varios objetivos a la vez.
Creo que es el título correcto también por una sensación curiosa, la de que no puede tener otro. Es evidente que puede haber títulos mejores (¿alguna sugerencia?), y que si llego a encontrar otro me parecerá lo mismo, pero es una agradable sensación saber que puedes nombrar a tu obra de un modo conciso, un meme al que referirse. Debe ser cierto aquello que dicen de que un buen título es fundamental para el éxito de un libro.

Escribiendo otra cosa


Mientras algunos amables sufridores se leen el manuscrito de la segunda parte de Danza de Tinieblas, y después de un breve lapso de descanso, he comenzado con otro proyecto, la ampliación de una antigua novela corta.
Esa novela corta era el relato más largo de una serie o fix-up que le dediqué a los viajes en el tiempo. Sí, yo también he sucumbido a uno de los más divertidos leitmotiv de la literatura prospectiva cienciaficcionera. Me gusta especialmente de esa serie, a medias concluida, algo que tan solo es circunstancia, attrezo narrativo: la concepción del viaje en el tiempo, del tiempo mismo que escribí para los cuentos. La idea no es original mía, sé que hay científicos que incluso la valoran con gruesos desarrollos matemáticos. Intentaré explicarla.
Para entenderla hay que pensar en el espacio-tiempo como un continuo de cuatro dimensiones, tal y como decía Einstein, tres espaciales y una temporal. Para facilitar la visión de la idea a proponer vamos a reducir las tres dimensiones espaciales a tan solo dos, un mundo plano, y para hacerlo aún más visual, nuestro mundo, la tierra, se convertirá en un círculo dónde vivimos planos. Ese círculo lejos de ser estático se ve afectado por el tiempo. Si el círculo está dibujado en un plano xy, y elegimos el eje z como el del tiempo, el círculo se desarrolla, se convierte en un túnel que avanza por z. Si, en un ejercicio de exageración conceptual de los que nos permite la física, imaginamos el túnel desarrollándose desde el inicio del universo hasta su colapso y fin, tendremos un larguísimo túnel en el que cada sección será un instante de tiempo concreto, una rodaja de ese salchichón en que se ha convertido nuestro mundo.
Hasta aquí todo es bastante convencional. Lo bueno empieza ahora: imaginad que en ese universo plano, del cual nuestro mundo es un círculo, el tiempo no avanza igual de deprisa en un sitio que en otro. Habrá regiones del espacio que adelantarán a otras. Podría darse el caso de tiempos negativos, regiones que no solo no avanzan, sino que retroceden. ¿Qué supone eso? algo muy simple, que desplazándose de forma adecuada en ese espacio bidimensional podríamos recorrer una curva temporal avanzando a un tiempo futuro, o retrocediendo a uno pasado. En nuestro universo real, la teoría general de la relatividad, predice que haya zonas dónde el tiempo transcurra de forma diferente. De hecho, establece que no hay un tiempo referencial que llamar tiempo único, que dicho concepto carece de sentido. Aquí, en aras de la narratibilidad (si dicho palabro se puede usar y no hay ningún filólogo por ahí que decida vengarse por ello) me salto la necesidad de que la velocidad a la que se puede uno desplazar por el universo tiene un máximo tasable, que, curiosamente, impide que al moverse a regiones dónde el tiempo transcurre de modo diferente, se pueda violar la causalidad. Es una forma de verlo, se puede decir justo al revés y es igual de válido.
Volviendo a la literatura, en mis cuentos me salto eso a la torera y dejo a mis personajes que viajen en saltos espaciales a tiempos retrógrados y que luego puedan volver al curso general del tiempo con precisión, saltándome la causalidad, claro. Que lo hagan partículas, como al parecer los experimentos en mecánica cuántica apuntan, es una cosa, que lo pueda hacer un objeto macroscópico, otra muy diferente. Da igual, estamos imaginando una máquina en el tiempo, un artefacto mítico que, según algunos, ya ha saltado de la imaginería de la CF y es ya propiedad del inconsciente colectivo, listo para usarse por cualquiera que no necesite más que decir «funciona» y listo. Los escritores de CF no lo tenemos tan fácil, por desgracia, tenemos que montar parafernalias del estilo de la que estoy describiendo para permitirnos un vuelo plausible de la imaginación de nuestros correosos lectores, a menudo, muy bien formados en ciencia y tecnología.
Y la cosa no acaba ahí, se le puede dar una interesante vuelta de tuerca. Hemos descrito una estructura tridimensional dónde la dimensión Z es el tiempo, con valles y crestas de tiempos acelerados y retrógrados, pero que es una estructura estática. Se puede concebir algo así como un metatiempo, una evolución de esa estructura tridimensional (cuatridimensional en el mundo real). En ella el tunel del tiempo cambiaría, las cordilleras, las crestas y los valles crecerían o se aplanarían, todo cambiaría en función de ese tiempo por encima del tiempo.
¿Qué añade eso a todo el edificio conceptual que he montado para justificar algo que en realidad no necesitaba ser justificado para crear una narración interesante? pues yo creo que es divertido y tiene algo de ese vértigo conceptual que a veces se convierte en el sabor de fondo de la buena ciencia ficción, nada que pueda impedir disfrutar de la historia a un lector generalista pero que le puede dar un plus al lector de CF.
Volviendo a mis cuentos de viajes en el tiempo, escribí dos de ellos: uno ambientado en la Arabia del siglo III, el otro, el más largo, el que se esta convirtiendo una novela… es una sorpresa, aún. Siguen atentos a sus pantallas de lcd.

Terminada


Acabo de terminar el primer borrador de la segunda parte de Danza de Tinieblas: 130.000 palabras, unas cuatrocientas páginas ¡Uf!

Pero no todo el trabajo está hecho, ni mucho menos. Hagamos una lista de lo que queda:

1-Revisar el borrador

2-Reescribir lo que sea necesario y corregir el resto

3-Corrección de estilo (Pobre Nati)

4-Segundo borrador. Presentar a los primeros lectores

5-Recoger comentarios, madurar y revisar de nuevo

6-Tercer y definitivo borrador

7-Buscar editor (esta es la parte más dificil, me temo)

Simultáneo a todo esto, habrá que ir pensando en un título.

Bueno, no todo el curro se ha terminado, pero sí un 80%, creo yo. La cosa no está mal. Ahora a descansar unos días, a inicar otro proyecto que tengo en cartera, y después a retomar el tema y seguir el listado.

Y luego dicen que escribir es fácil 🙂

Terminando

Casi está ya… me quedan cinco capítulos de Danza de Tinieblas 2, ¡anda que no tengo ya ganas de verla acabada!, aunque aun queda casi lo peor, el largo y difícil proceso de la corrección. Con lo compleja que esta resultando la trama —un montón de situaciones y personajes relacionados— voy a tener que hacerme un mapa. 

Otro pequeño anticipo: 

Los camareros se habían retirado hacía ya rato, dejando sobre la mesa, cajas de puros y bandejas repletas de licores. Abrió una botella de coñac Don Juan y se sirvió en la copa. Luego miró la ilustración de la etiqueta, un óleo que la galería real del retiro exhibía aún. El viejo Don Juan de Austria, primero bastardo real, luego emperador por mor del filo de su espada y la fuerza de sus partidarios, miraba el horizonte incendiado del Toledo conquistado en la batalla que le dio el poder. A ese linaje habían jurado lealtad completa aquella caterva de viejos enfangados en sus propios privilegios. 

— ¿Observando al viejo rey, Castañeda?

— Sí. 

— Mucho ha transcurrido desde entonces.

Castañeda no contestó, se limitó a chupar del puro y mirar a su compañero de mesa, Quesada y Miguez, un hijo menor de una vieja casa noble que había ingresado en los conjurados como era tradición en su familia desde los propios tiempos del rey Juan. Como todos ellos, había perdido su herencia, su origen, la familia había simulado su muerte y la conchabía lo había acogido como otro hijo huérfano más. La conjura los desnudaba y los hermanaba en el juramento; les daba una identidad real, verídica, que pretendía ser inquebrantable y que luego vestía con los ropajes del disfraz que la oportunidad necesitase. Miró al ex-noble, bien vestido, elegante incluso, mantenía la compostura a fuerza de un desarrollado sentido de superioridad moral y natural, o al menos eso es lo que le parecía a Castañeda, que nunca había tenido ni un origen noble, ni un pasado al que echar de menos, y que siempre había adoptado los disfraces de sus tareas con la alegría de ser algo quien no había nacido destinado a nada. 

 

Joannes Salamanca

Es el protagonista de Danza de Tinieblas. Así aparece descrito en la novela:

Joannes Salamanca, cabo de alguaciles, veterano de los tercios, hijo de emigrantes holandeses y más conocido como mascaburras, suspiró audiblemente. Era un hombre grande, ancho de hombros; un muro serrano construido para vencer al viento y la nieve hubiera tenido las mismas proporciones. El pecho, al respirar, parecía extendérsele hasta casi reventar los lazos de la camisa, por lo demás ya forzados por las lorzas excesivas del talle y la anchura de espaldas. En medio de su cara, ancha y rubicunda, dos ojos pequeños, dos cabezas de alfiler de color azul, observaron el comedor del cuartel, las mesas repletas, el aire cansado de humo, los hombres de uniforme apoyados en las paredes, charlando, fumando, esperando que la tarde se hiciera noche.

Y así lo ha interpretado magistralmente Luis Miguez en estos dibujos que ha colgado en su blog.

Es como ver salir de la bruma de la imaginación un ser real. Fascinante. Muchas gracias Luis.

Apariciones


He publicado un par de cuentos recientemente.
Uno en el libro homenaje a los premios Ignotus de la AEFCFT editado por el grupo editorial AJEC. En él incluyo un cuento llamado Morita recogía flores, escrito en el verano de hace tres años, en el 60 aniversario de la masacre de Hiroshima.
Morita vive en Hiroshima, hace calor, es Agosto, y el aire huele a plomo. Me gustó cómo quedó, sobre todo por la superposición de puntos de vista y las diferentes visiones de los protagonistas.
El otro cuento publicado ha aparecido en Artifex, cuarta época, número 2. Siguiendo la nomenclatura de las series bajadas del emule, sería E0402. Se títula Bajo estrellas feroces. Es bastante más largo y también más ambicioso. Pertenece al mundo de Danza de tinieblas y era parte, junto con Víctima y vedugo y Negras Águilas, de un pretendido fix-up de cuentos que iba a integrar la segunda parte de Danza de tinieblas. Lo malo es que el tercer cuento, de título provisional Conjurados, se ha convertido en una novela de casi 400 páginas. Lo del fix-up mejor olvidarlo.
Bajo estrellas feroces es la historia de dos jóvenes de diferentes extracciones sociales, ella es morisca, él cristiano. También se diferencian en su actitud: él sigue las normas, no tiene especial interés por el riesgo. Ella es puro fuego y rebeldía, y sí tiene un especial interés por no seguir las normas, máxime cuando en la sociedad en la que vive la mujer aún no tiene plenos derechos. Por medio está la aviación en pleno desarrollo, una época de aventuras y desafíos parecidos a los vividos antes y después de la primera guerra mundial en nuestro mundo.
El cuento se puede leer aquí.

Perdón

Llevo una eternidad sin publicar una entrada, lo cierto es que no tengo perdón del monstruo de espaguetis voladores. Voy a intentar redimirme publicando algo cada semana. A ver si lo logro.