Danza de Tinieblas, tecnología

motor ciclo ottoLa tecnología tiene su historia, como todo lo que concierne al paso del tiempo. Lo interesante es que la evolución tecnológica sigue una curiosa mezcla entre los impersonales dictámenes de las leyes físicas y las necesidades, anhelos y caprichos de los seres humanos destinados a usarlas. En una escala que va desde el arte puro (función estética pura, solo limitado por el gusto de los usuarios) y la ciencia pura (ocupada tan solo de la verdad, sea esta como sea), la tecnología se establece como un interesante punto medio mezcla de necesidad y contingencia, de lo que se necesita, lo que se desea y lo que la mente, los recursos y la ciencia permiten.
Así, un elemento fundamental de mi concepto de ucronía, un recurso descriptivo en realidad, es como de diferente puede ser la tecnología de una sociedad cuya historia fue diferente a la nuestra. En el mundo de Negras Águilas, primer relato de Danza de Tinieblas, se hacen patentes los dos principales factores que modelan esa tecnología ucrónica:
– No hay caballos.
– Los motores con los que se ha seguido la revolución industrial funcionan alimentados con hulla pulverizada y son de explosión interna. 

Eso abre la puerta a algunas otras peculiaridades. Los motores de explosión interna son más eficientes que los de vapor, que se supone que fueron inventados pero desechados casi inmediatamente, al descubrirse el ciclo Écija, llamado así en honor a su inventor. Como no hay fuerza de transporte animal disponible, la innovación se extiende a toda velocidad, una revolución industrial que pilla con el pie cambiado a todas las estructuras sociales y económicas y las obliga a cambiar casi de la noche al día. 

Eso hace al mundo de un aspecto parecido al actual, salvo en que otros campos de la tecnología, la electricidad, aún no han tenido tiempo de desarrollarse. No hay aviones, ni teléfono, no hay luz eléctrica, o está empezando a implantarse y, por supuesto, todas las máquinas se mueven con motores ciclo Écija. 

Anticipando algo lo que estoy escribiendo ahora mismo, la tecnología de Danza de Tinieblas no se extiende ad infinitum, sino que va progresando lentamente, añadiendo a la civilización elementos parecidos pero no iguales a los de nuestra civilización moderna: volateros, teleaudios (que sirve a la vez de teléfono y radio de entretenimiento) y teleentrópico (una curioso red informática de comunicación evolución de la que aparece en el despacho del primer ministro en Danza de Tinieblas).

De cualquier manera, la sociedad, los individuos que la constituyen y las herramientas que construyen y usan, al igual que las costumbres y normas que regulan su convivencia, van en un mismo paquete densamente tejido de interrelaciones. Es, quizá, lo que para abreviar llamamos “cultura”. 

Yo he intentado en mi ucronía que la materia de especulación sea la propia cultura, y todo ese concepto lo recoge como propio. 

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