Martineau/Huerrey licencia Moskovich tipo V

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Muchos os preguntaréis qué fusil sostiene en la portada del libro Alonso de Castañeda, el protagonista de Memoria de Tinieblas.Pues bien, no es un Ortmaextea ni un Villegas, principales factorías de armas del imperio. Se trata de un fusil francés de licencia rusa y uso curioso.
Cuando el ejército del directorado se planteó dar de baja los viejos fusiles de francotirador Lespandaux -entre otras cosas, porque los Lespandaux eran notoriamente poco fiables y usaban un calibre y unos cartuchos exclusivos que encarecía su logística- se evaluaron una docena de armas de otros tantos fabricantes nacionales o europeos bajo dos premisas. Tenían que ser armas con un alcance efectivo de un kilómetro al menos, usar cartuchos estándar en el ejército del directorado (el 12 milímetros largo parabellum) y demostrar la fiabilidad de la que carecía su antecesor, al que había que recalibrarle la mira tras tan solo diez disparos. Las pruebas de campo dejaron en el camino a todos los candidatos menos a dos, el Huerrey licencia Moskovich y un fusil español, el célebre Villegas dos tiros, el cuál, tras varias versiones, aún sigue siendo el arma de tiro de oportunidad oficial de los tercios. El dos tiros, con su aspecto extraño, sus dos cañones, uno más para distancias cortas y tiro rápido y uno largo para tiro de precisión, y su legendaria fama de fiabilidad y precisión, parecía el candidato ganador. El Moskovich de origen era un arma fiable, robusta, quizá demasiado dado su peso, y con una reputación de precisión. Huerrey tomó la licencia Moskovich como base para hacer evolucionar el arma tanto en calibre como en peso final.
Los franceses eligieron el Huerrey, seguramente porque era de fabricación nacional. El tiempo demostraría, que, después de todo, no fue una mala elección. Las primeras series eran bastante diferentes del modelo tipo V que luce Castañeda. No tenían una mira tan compleja, el cañón era más corto y no tenían tambor rotatorio. En cuanto comenzaron a ser usados de forma regular, la licencia Moskovich modificada demostró que no era un mal trabajo de ingeniería. El fusil estaba bien pensado, con pocas piezas móviles. Apenas necesitaba mantenimiento y el tiro era consistente. Sin embargo los materiales y las tolerancias de la fabricación Huerrey eran terribles. Uno tras otro las armas resultaban destruidas o inutilizadas. Se ganaron fama de peligrosos tras matar a dos tiradores del mismo pelotón, casi uno detrás del otro. Huerrey recibió indicaciones sutiles de que o mejoraba la calidad o la empresa iba a tener, súbitamente, muchos problemas. De nada sirvieron sus quejas de que si los fabricaban según las especificaciones, perderían dinero. Lo hicieron y efectivamente la fábrica quebró un año después. Sin embargo los Huerrey-Moskovich mejoraron tanto que comenzaron a labrarse una estupenda reputación. Mucho tuvo que ver las escaramuzas del directorado en centroeuropa durante los incidentes fronterizos de los palatinados, dónde los francotiradores franceses se llevaron por delante a un número ingente de soldados del palatinado. Muchos dicen que fue por los inconfundibles colores de su uniforme, que los hacía destacar desde muy lejos, pero lo cierto es que el fusil funcionaba muy bien.
La fabricación la recuperó Martineau con las plantillas y máquinas de Huerrey. El fusil se estuvo fabricando durante un lustro. El modelo tipo V que exhibe Castañeda es una modificación para adaptar un tambor de tiro rápido a un arma no concebida para ser de asalto. Es una necesidad que se satisfizo para un cuerpo muy concreto del ejército francés y que ningún otro ejército ha imitado: los tiradores aéreos, hombres que disparan desde aeronaves a objetivos en tierra y necesitan armas potentes, de largo alcance, con miras estabilizadas y tiro rápido para cubrir múltiples objetivos. El ejército del aire cubre esa necesidad con volateros artillados con ametralladoras ortmaexea multitubo. Los franceses obtienen casi lo mismo con una plataforma que vuela justo por encima del horizonte o de obstáculos y el tiro de precisión.
El fusil, después de años de evolución, resulta una extraña mezcla entre fusil de asalto y fusil de precisión. Muchos dicen que tiene los defectos de los dos conceptos y otros justo lo contrario. Lo cierto es que tiene una precisión legendaria, una potencia de fuego demoledora contra objetivos no blindados y una cadencia de tiro altísima para un arma de esas características. Lo incómodo de su tamaño y peso no parecen importar a los hombres que lo han elegido hasta para operaciones terrestres, como los tiradores de los pelotones de avanzada del directorado en su operación de sometimiento de las ciudades libres de la Nueva Borgoña.

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