Comienza 2011

Comienza 2011, y como siempre en el inicio del año, vienen las consideraciones sobre el año pasado y las previsiones y planes para el que viene. En el 2010 han sido muchos los cambios: de lugar de trabajo, de casa. El 2010 fue el año de la publicación (y escritura) de «La última noche de Hipatia» y de la corrección final de «Memoria de Tinieblas», la segunda parte de Danza de Tinieblas, aún sin publicar, hecho del que hablaré en otra entrada. Después de lo bien que me lo pasé con la publicación de Hipatia, la presentación, la Semana Negra, los comentarios de los lectores, y del stress que supuso el cambio de lugar de trabajo en Julio, una circunstancia que llevaba tiempo deseando y que por fin se produjo, terminó el año con el gran acontecimiento de la mudanza en Noviembre. No sé a ustedes, pero a mi salir de mi cueva y me tenga que adaptar a otra me supone un periodo de desconcierto. En cierta forma envidio a aquellos que nacen y mueren en el mismo lugar. Por otro lado, los cambios también añaden vitalidad, frescura, necesidad de renovarse. La consecuencia práctica: después de acarrear pesadísimas cajas de libros, he decidido optar por el paso lo más radical posible a los libros electrónicos. Si me espera una mudanza en el futuro, espero hacerla con una bolsa llena de discos duros.

Las consecuencias inmediatas de todos estos cambios son difíciles de prever, pero fáciles de desear, por que al fin y al cabo eso es lo que te mueve a los cambios, las esperanzas de algo mejor, o diferente, o mejor y diferente, y lo que añade vitalidad es que nada es nunca igual a lo imaginado y hay que ejercitar los músculos de la adaptabilidad para sobrevivir. De momento el nuevo lugar de trabajo es más exigente pero también más interesante, mucho más divertido, lo que le viene al pelo a mi carácter, capaz de aburrirse con rapidez de casi todo. El cambio de casa nos ha regalado más espacio para movernos (los que me conocen saben que por cuestiones físicas NECESITO espacio) . Hemos perdido una de las mejores vistas de Madrid desde la terraza del antiguo piso. No se puede tener todo.

Si paso de valorar el plano personal y amplio el foco, casi que me arrepiento enseguida. No hay muchas esperanzas de que el 2011 sea mejor que  el 2010 y sí alguna previsión de que sea peor. La lucha de clases que decía Marx ha terminado con la victoria de los más ricos. Las guerras civiles son siempre las más sangrientas así que no esperéis compasión, tan solo una dura postguerra.

Y volviendo a los eventos que puedo controlar, voy a intentar que el 2011 sea el año en que escriba otra novela para el cajón o para publicar ya veremos, y también el año en que este blog no languidezca cubierto de escarcha cibernética, olvidado hasta por su creador.

Gracias por su atención y buena suerte en el 2011, todos la vamos a necesitar.

Semana Negra 2010

Mañana salimos para la Semana Negra de Gijón 2010, fresquito, comida norteña, libros y buena compañía. No se puede pedir más.

¿Por qué escribir?

El viernes pasado me invitaron a dar un par de charlas en un instituto para celebrar el día del libro. Me di cuenta de algunas cosas interesantes ese día. En primer lugar que no soy un gran orador, quizá por falta de práctica, quizá por falta de dotes para ello. Con un público entregado puedo desenvolverme más o menos bien. Otra cosa es ya enfrentarse con un público adolescente, el cuál necesita de ser capturado desde el principio, extraído del prejuicio y embaucado con habilidad. Aprendí que, en casos así, no hay que tener misericordia: una conferencia es como una guerra y en el arsenal de todo orador debe figurar un buen uso del humor, que es el arma definitiva para acercarse sin despertar aburrimiento ni respeto exagerado. De todo se aprende y quizá, si hay una próxima ocasión, puedo aspirar a hacerlo mejor.

Como no tenía indicación al respecto, elegí hablar del libro desde el punto de vista de alguien que hace libros, que los disfruta pero que también los crea. Ese tema encontró algunas ramificaciones curiosas. En primer lugar apareció el tan famoso ¿Por qué se escribe? la respuesta que se me ocurrió es «y a quién le importa». Descubrí que me da igual saber el motivo por el que escribo. No sé si es un deseo de trascender, si me gusta que me quieran, si adoro haber escrito o disfruto del acto de escribir. Bueno, miento, eso sí me pasa, cuando consigo llegar al estado superior de consciencia de una escritura fluida, sí lo disfruto. En esos momentos escribir es como una droga, un subidón, momentos maravillosos que coinciden con los tópicos al uso. Todo se va al garete si se consideran los efectos secundarios, las resacas de correcciones interminables que también forman parte de la creación literaria, que, según muchos, son la creación literaria.

La segunda cosa que descubrí es que, haciendo cuentas, escribir una novela lleva mucho tiempo, tanto que si lo cuentas te espantas.Si lo pienso fríamente, si me pagaran por ello, no lo haría, luego algo debo sacar en claro.

Vamos que no hay una cuenta en positivo que pueda justificar la escritura, porque por el dinero no es, se lo aseguro. Entonces… ¿qué se saca en claro?

Pues, curiosamente, después de darle un par de vueltas, creo que el motivo principal de la fascinación por la creación literaria, por encima del hecho de que, a ratos, es un trabajo fascinante, escribir es un gran desafio. Es como un ochomil que hay que superar, un reto personal, un reto fuera de toda lógica pero reto al fin. El objetivo es acabar, que lo escrito esté bien, que se publique, que se sepa que esa montaña de papel y letras la has coronado tú. ¿Vanidad? sí, un poco, pero también espíritu de superación. Es como si echaras carreras contigo mismo, y esperases vencerte.

Ganar es aprender, mejorar, hacerlo mejor, disminuir la brecha entre lo imaginado y lo reflejado en la mente del lector. Todo esto está muy cercano a otros retos intelectuales, tales como el arte en todas sus manifestaciones y la ciencia. Desafíos autoimpuestos o externos, complejos, difíciles, mucho más difíciles que las habituales absurdeces cotidianas, de eso se trata, de hacerlo porque esa novela inexistente está ahí, a punto de ser terminada, corregida, masacrada, reescrita, vuelta a corregir y, quizá, publicada.

De finales y principios

Si el principio de una novela siempre se modifica una vez que está acabada —cosa comprensible dado que cuando se escribe aún se está buscando el ritmo, la sonoridad el tono e incluso los personajes y el argumento.— Lo más sorprendente es que con los finales también me sucede. Mientras que el inicio debe ser una herramienta casi publicitaria, el final debería ser un colofón, algo que debe dejar un buen gusto en la boca, casi como el famoso sabor retronasal ese de los buenos vinos que yo,  ignorante en esas lides, no consigo apreciar. Un final cerrado es satisfactorio casi siempre; un final abierto a veces es más satisfactorio y otras menos, pero siempre es mucho más arriesgado; un no final en tensión, es garantía de buen recibimiento de la segunda parte, siempre que haya gustado la primera claro. Al final no sabe uno a qué carta quedarse.

Todo esto viene a cuento del final de Memoria de Tinieblas,  en el que estoy enfrascado ahora mismo que termino su tercera, y espero que definitiva, revisión. Explicar mucho es malo, explicar poco quizá también; cerrarlo todo es satisfactorio pero deja poco a la imaginación del lector; no cerrar nada lo contrario. Al final quizá esa una de esas habilidades que se resisten a la reducción a pasos lógicos y concretos de las cuales está el oficio de escribir lleno. Supongo que para cuando lleve escritas dos docenas de novelas ya me salga bien, o eso espero.

Presentación La última noche de Hipatia, crónica

Aunque ya ha pasado algo de tiempo desde la presentación, no quiero dejar de poner aquí algunas palabras a modo de reseña y resumen periodístico de la ocasión.

Mi buen amigo Alfredo Lara inicio la presentación contando como nos conocimos una noche de las muchas de cena en el chino en la antigua tertulia madrileña de ciencia ficción, abreviando TERMA. Hablando de lugares dónde guardar los siempre crecientes volúmenes de las bibliotecas personales de cada uno, coincidimos los dos en mencionar que los guardábamos en el pueblo, cada uno en el suyo, que resultaron ser dos pequeñas localidades de la provincia de Toledo que apenas distan quince kilómetros uno del otro. Alfredo enlazó  esa mención a las bibliotecas con LA BIBLIOTECA, la mítica y desparecida biblioteca de Alejandría y de ahí era fácil llegar a Hipatia y a mi libro. Entre los temas que trató y en los que me dio pié a puntualizar, hubo cosas tan interesantes como la mención a una preocupación casi omnipresente en mi obra y de la que yo, obviamente poco capaz de objetivizar, no me había dado cuenta: el tiempo y su transcurrir. Si La última noche de Hipatia puede considerarse una reflexión sobre el pasado y la imposibilidad de cambiar sus tragedias, Danza de Tinieblas trata de algo parecido, de las consecuencias de cambiarlo. Avanzando algo de la inédita aún trama de Memoria de Tinieblas (o quizá Memorial de Tinieblas si progresa una sugerencia hecha en este mismo blog), trata sobre la memoria, su percepción parcial y subjetiva. Muy certera la visión de Alfredo.

Después de la introducción, Alfredo y yo respondimos a las preguntas que el público presente tuvo a bien hacernos. He de decir que eché de menos las lenguas sibilinas que me habían amenazado repetidas veces en estos días pasados. También noté la ausencia de tomates y lechugas podridas, pero esas no las eché de menos.

Debo introducir aquí una disculpa: aunque ya me barruntaba que iba a acudir mucha gente, amigos que habían anunciado su deseo de asistir, la cosa se salió de madre y la librería se quedó un poco pequeña. Hizo falta más espacio y también un micrófono y un altavoz, ya que la gente que estuvo al fondo apenas pudo escucharnos. También hubiera estado bien grabar la presentación y ponerla luego en el youtube o aquí mismo, en formato podcast, pero una vez más, no se me ocurrió hasta que ya era tarde.

Al final el acto, pese a ciertos inconvenientes de comodidad,  fue una ocasión entrañable de celebrar entre todos la publicación del libro, por lo cuál no puedo por menos que agradecer primero a los presentes por robarle unas horas a su tiempo y acudir, luego a Estudio en Escarlata por poner a nuestra disposición la librería, a Alfredo por prestar su extraordinaria retórica al fin de presentar mi novela,  y por último a Alamut por confiar en el libro y publicarlo.

Muchas gracias a todos.

A continuación voy colocar algunas fotos de la presentación.

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Presentación La última noche de Hipatia

El día 1 de Octubre, a las 19:30, se presentará en Estudio en Escarlata, la librería especializada en literatura de género sita en GUZMÁN EL BUENO, 46 (Esq. Fdez. de los Ríos) en Madrid, mi novela La última noche de Hipatia. La presentación quedará a cargo de mi buen amigo Alfredo Lara, que amablemente ha aceptado dicha tarea.

Y sí, a diferencia de las ruedas de prensa de los políticos, habrá posibilidad de preguntar todo aquello que queráis preguntar, ponerlo en evidencia, sacarle los colores o desvelar. Después, a todo aquel que haya aguantado incólumne, se verá recompensado con las dos ces, canapes y cava.

Pues eso, que todo aquel que quiera y pueda venir, será bienvenido.

La última noche de Hipatia

Portada

Por fin el proyecto culmina: el día 15 sale a la venta La última noche de Hipatia una novela que tiene como protagonista a la filósofa asesinada por una turba de cristianos en los tumultuosos tiempos en que la Iglesia pasaba de ser una secta judaica, más o menos popular, a la institución que regía imperios, nombraba emperadores y reglaba la vida de pobres y ricos.
Sí, es el mismo personaje que el de la película de Alejandro Amenábar Ágora, aunque dudo que sea la misma historia. En la novela se mezclan muchas cosas: la Alejandría del siglo IV, el fin de una era y el comienzo de otra, un personaje fascinante, un conflicto con tantas ramificaciones que llegan incluso a la actualidad —entre el estado laico y el estado teocrático—, y una aventura de viajes en el tiempo.
Si me permiten una opinión, creo que la novela podría haber estado centrada en la política, en la religión, en la historia, en la arquitectura o el arte, la ciencia, la astronomía, la filosofía, las matemáticas. De todo eso hay, pero sería más exacto definirla como la historia de un amor destinado a la tragedia, amor último, desesperado, intenso y sin futuro pero al mismo tiempo inmortal.

Espero que la lean y la disfruten.

La última noche de Hipatia, Editorial Alamut

Habemus título


Se va decantando el título final de la novela que supone la segunda incursión en forma de novela en el universo de Negras Águilas, la ucronía desarrollada en varios cuentos y en la novela Danza de Tinieblas. Después de darle algunas vueltas, creo que el título encontrado «Memoria de Tinieblas» termina por cuadrar de varios modos. Por un lado constituye una forma de encontrar una referencia común con la novela anterior, de la que es una segunda parte de continuidad laxa (Lo único que comparten ambas novelas es el marco ucrónico). Por otra parte la aparición de la palabra «Memoria» es importante porqué precisamente parte del desarrollo de la novela tiene que ver con la memoria humana, el recuerdo de uno mismo, sus circunstancias y vivencias. Por tanto el título, que no suena mal en sí mismo, permite alcanzar varios objetivos a la vez.
Creo que es el título correcto también por una sensación curiosa, la de que no puede tener otro. Es evidente que puede haber títulos mejores (¿alguna sugerencia?), y que si llego a encontrar otro me parecerá lo mismo, pero es una agradable sensación saber que puedes nombrar a tu obra de un modo conciso, un meme al que referirse. Debe ser cierto aquello que dicen de que un buen título es fundamental para el éxito de un libro.

Escribiendo otra cosa


Mientras algunos amables sufridores se leen el manuscrito de la segunda parte de Danza de Tinieblas, y después de un breve lapso de descanso, he comenzado con otro proyecto, la ampliación de una antigua novela corta.
Esa novela corta era el relato más largo de una serie o fix-up que le dediqué a los viajes en el tiempo. Sí, yo también he sucumbido a uno de los más divertidos leitmotiv de la literatura prospectiva cienciaficcionera. Me gusta especialmente de esa serie, a medias concluida, algo que tan solo es circunstancia, attrezo narrativo: la concepción del viaje en el tiempo, del tiempo mismo que escribí para los cuentos. La idea no es original mía, sé que hay científicos que incluso la valoran con gruesos desarrollos matemáticos. Intentaré explicarla.
Para entenderla hay que pensar en el espacio-tiempo como un continuo de cuatro dimensiones, tal y como decía Einstein, tres espaciales y una temporal. Para facilitar la visión de la idea a proponer vamos a reducir las tres dimensiones espaciales a tan solo dos, un mundo plano, y para hacerlo aún más visual, nuestro mundo, la tierra, se convertirá en un círculo dónde vivimos planos. Ese círculo lejos de ser estático se ve afectado por el tiempo. Si el círculo está dibujado en un plano xy, y elegimos el eje z como el del tiempo, el círculo se desarrolla, se convierte en un túnel que avanza por z. Si, en un ejercicio de exageración conceptual de los que nos permite la física, imaginamos el túnel desarrollándose desde el inicio del universo hasta su colapso y fin, tendremos un larguísimo túnel en el que cada sección será un instante de tiempo concreto, una rodaja de ese salchichón en que se ha convertido nuestro mundo.
Hasta aquí todo es bastante convencional. Lo bueno empieza ahora: imaginad que en ese universo plano, del cual nuestro mundo es un círculo, el tiempo no avanza igual de deprisa en un sitio que en otro. Habrá regiones del espacio que adelantarán a otras. Podría darse el caso de tiempos negativos, regiones que no solo no avanzan, sino que retroceden. ¿Qué supone eso? algo muy simple, que desplazándose de forma adecuada en ese espacio bidimensional podríamos recorrer una curva temporal avanzando a un tiempo futuro, o retrocediendo a uno pasado. En nuestro universo real, la teoría general de la relatividad, predice que haya zonas dónde el tiempo transcurra de forma diferente. De hecho, establece que no hay un tiempo referencial que llamar tiempo único, que dicho concepto carece de sentido. Aquí, en aras de la narratibilidad (si dicho palabro se puede usar y no hay ningún filólogo por ahí que decida vengarse por ello) me salto la necesidad de que la velocidad a la que se puede uno desplazar por el universo tiene un máximo tasable, que, curiosamente, impide que al moverse a regiones dónde el tiempo transcurre de modo diferente, se pueda violar la causalidad. Es una forma de verlo, se puede decir justo al revés y es igual de válido.
Volviendo a la literatura, en mis cuentos me salto eso a la torera y dejo a mis personajes que viajen en saltos espaciales a tiempos retrógrados y que luego puedan volver al curso general del tiempo con precisión, saltándome la causalidad, claro. Que lo hagan partículas, como al parecer los experimentos en mecánica cuántica apuntan, es una cosa, que lo pueda hacer un objeto macroscópico, otra muy diferente. Da igual, estamos imaginando una máquina en el tiempo, un artefacto mítico que, según algunos, ya ha saltado de la imaginería de la CF y es ya propiedad del inconsciente colectivo, listo para usarse por cualquiera que no necesite más que decir «funciona» y listo. Los escritores de CF no lo tenemos tan fácil, por desgracia, tenemos que montar parafernalias del estilo de la que estoy describiendo para permitirnos un vuelo plausible de la imaginación de nuestros correosos lectores, a menudo, muy bien formados en ciencia y tecnología.
Y la cosa no acaba ahí, se le puede dar una interesante vuelta de tuerca. Hemos descrito una estructura tridimensional dónde la dimensión Z es el tiempo, con valles y crestas de tiempos acelerados y retrógrados, pero que es una estructura estática. Se puede concebir algo así como un metatiempo, una evolución de esa estructura tridimensional (cuatridimensional en el mundo real). En ella el tunel del tiempo cambiaría, las cordilleras, las crestas y los valles crecerían o se aplanarían, todo cambiaría en función de ese tiempo por encima del tiempo.
¿Qué añade eso a todo el edificio conceptual que he montado para justificar algo que en realidad no necesitaba ser justificado para crear una narración interesante? pues yo creo que es divertido y tiene algo de ese vértigo conceptual que a veces se convierte en el sabor de fondo de la buena ciencia ficción, nada que pueda impedir disfrutar de la historia a un lector generalista pero que le puede dar un plus al lector de CF.
Volviendo a mis cuentos de viajes en el tiempo, escribí dos de ellos: uno ambientado en la Arabia del siglo III, el otro, el más largo, el que se esta convirtiendo una novela… es una sorpresa, aún. Siguen atentos a sus pantallas de lcd.

Terminada


Acabo de terminar el primer borrador de la segunda parte de Danza de Tinieblas: 130.000 palabras, unas cuatrocientas páginas ¡Uf!

Pero no todo el trabajo está hecho, ni mucho menos. Hagamos una lista de lo que queda:

1-Revisar el borrador

2-Reescribir lo que sea necesario y corregir el resto

3-Corrección de estilo (Pobre Nati)

4-Segundo borrador. Presentar a los primeros lectores

5-Recoger comentarios, madurar y revisar de nuevo

6-Tercer y definitivo borrador

7-Buscar editor (esta es la parte más dificil, me temo)

Simultáneo a todo esto, habrá que ir pensando en un título.

Bueno, no todo el curro se ha terminado, pero sí un 80%, creo yo. La cosa no está mal. Ahora a descansar unos días, a inicar otro proyecto que tengo en cartera, y después a retomar el tema y seguir el listado.

Y luego dicen que escribir es fácil 🙂