Steampunk y las fronteras

retroEl pasado viernes me invitaron a la mesa ¿qué es el steampunk? dentro de las jornadas steampunk celebradas en la casa del libro de Madrid. Ni que decir tiene que me lo pasé fenomenal. Entre otras cosas interesantes que se dijeron, parece que el steampunk como subgénero literario quiere respirar y salirse de los clichés victorianos, liberarse un poco de la herencia de su nacimiento y aspirar a usar la herramienta de la especulación retrofuturista en otras ambientaciones, otras historias, otros imperios. Me alegra sobremanera que la opción que yo elegí en el 2005 cuando escribí Danza de Tinieblas, sea ahora reivindicada. Entonces, como ahora, entendí que esa era la opción que me interesaba, porque también era la que más juego me podría dar. Y no es porque lo victoriano no sea un escenario fascinante, sobre todo ahora que se está convirtiendo a pasos agigantados en un arquetipo, si no lo es ya. Más bien era una preferencia personal, heredada de los tiempos en que no se podía escribir un relato de Cf sin que el protagonista se llamase John Smith o algo así. Esos tiempos han quedado ya, por suerte, muy lejanos.

También se mencionó un posible evolución del steampunk hacia el westerpunk, lo mismo pero ambientado en el WW (Wild West). Eh, bueno, Memoria de Tinieblas no deja de ser mi interpretación de las claves steam y ucrónicas en un escenario del salvaje oeste, aunque sospecho que no es lo mismo que se pretende con el Westernpunk.

Lo bonito y divertido de los subgéneros es jugar a transgredirlos, desafiarlos, derribarlos y mezclarlos. Los supuestos creativos son tanto o más divertidos cuanto más desafiantes son. Es este un negocio dinámico, constante, dónde las fronteras no duran mucho, ni se espera que lo hagan. No se acaban de crear una identificación positiva, unas claves de lectura, para que cualquier creador, lo primero que haga sea intentar transgredirlas.

Yo diría, incluso, que es uno de los pocos deberes que me impondría, si te dibujan fronteras, bórralas.

 

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