Terminando

Filed Under (Danza de tinieblas, En este momento trabajo en...) by admin2 on 11-11-2008

Casi está ya… me quedan cinco capítulos de Danza de Tinieblas 2, ¡anda que no tengo ya ganas de verla acabada!, aunque aun queda casi lo peor, el largo y difícil proceso de la corrección. Con lo compleja que esta resultando la trama —un montón de situaciones y personajes relacionados— voy a tener que hacerme un mapa. 

Otro pequeño anticipo: 

Los camareros se habían retirado hacía ya rato, dejando sobre la mesa, cajas de puros y bandejas repletas de licores. Abrió una botella de coñac Don Juan y se sirvió en la copa. Luego miró la ilustración de la etiqueta, un óleo que la galería real del retiro exhibía aún. El viejo Don Juan de Austria, primero bastardo real, luego emperador por mor del filo de su espada y la fuerza de sus partidarios, miraba el horizonte incendiado del Toledo conquistado en la batalla que le dio el poder. A ese linaje habían jurado lealtad completa aquella caterva de viejos enfangados en sus propios privilegios. 

— ¿Observando al viejo rey, Castañeda?

— Sí. 

— Mucho ha transcurrido desde entonces.

Castañeda no contestó, se limitó a chupar del puro y mirar a su compañero de mesa, Quesada y Miguez, un hijo menor de una vieja casa noble que había ingresado en los conjurados como era tradición en su familia desde los propios tiempos del rey Juan. Como todos ellos, había perdido su herencia, su origen, la familia había simulado su muerte y la conchabía lo había acogido como otro hijo huérfano más. La conjura los desnudaba y los hermanaba en el juramento; les daba una identidad real, verídica, que pretendía ser inquebrantable y que luego vestía con los ropajes del disfraz que la oportunidad necesitase. Miró al ex-noble, bien vestido, elegante incluso, mantenía la compostura a fuerza de un desarrollado sentido de superioridad moral y natural, o al menos eso es lo que le parecía a Castañeda, que nunca había tenido ni un origen noble, ni un pasado al que echar de menos, y que siempre había adoptado los disfraces de sus tareas con la alegría de ser algo quien no había nacido destinado a nada. 

 

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