El tiempo del norte

Debo venir de genes norteños, neardenthales quizá, de aquellos para los que más de 25 grados es mucho calor. Ahora estoy de vacaciones en cantabria. Llueve, hay una temperatura suave, casi sensual. Dan ganas de hacer cosas productivas, pasear, bañarse, sentarse a leer, incluso escribir y todo. En Madrid, con 40 grados a la sombra, solo tenía ganas de matar, matar con saña, desgarrar y destruir. En Madrid, en julio es muy sencillo reclutarme para cualquier grupo terrorista con ánimos nihilistas.

Serán los genes, supongo. También puede ser la puñetera ley del cuadrado de la superfice, el cubo del volumen, gracias a la cual, la gente grande como yo se refrigera peor. En cualquier caso, en verano mejor tirar para el norte, siempre.